La buena noticia es que hay remedio: la dificultad para centrarnos es reversible. Dado que el cerebro tiene una gran capacidad para reeducarse, podemos mejorar con entrenamiento.

Ya existen cientos de técnicas de desconexión digital y de gestión de la atención.

Amén de que siempre es posible silenciar el móvil o quitarlo de en medio cuando nos sentemos a leer. Se puede cerrar el correo electrónico mientras elaboramos el plan de marketing u obligarnos a no abrir enlaces en más de cinco pestañas a la vez… Podemos hacerlo como mejor nos venga, pero seamos conscientes de que nuestro cerebro tiene un límite de atención.

Porque, ¿son siempre malas las distracciones?

Hay un debate alrededor del impacto de las nuevas tecnologías en nuestra productividad. Expertos como Enrique Dans defienden la idea de que la hiperatención nos hace más eficientes. Él nunca tiene menos de diez pestañas abiertas en su ordenador y se considera bastante productivo. Dice que hacerlo es una capacidad que se desarrolla y se entrena, que es posible aprender a gestionar las interrupciones y volver rápidamente a la tarea anterior.

Sea como fuere, el hiperestímulo ha resultado no ser del todo malo. Parece demostrado que la capacidad de comprensión lectora ha mejorado. Muchos han aprendido a “leer en diagonal” y distinguen rápidamente qué e-mail hay que contestar de modo urgente y cuál puede esperar. Hemos aprendido a interrumpirnos a nosotros mismos con un “caramelo digital” cuando la tarea nos cansa porque chequear nuestro Facebook nos relaja.

En cualquier caso si, como parece, nuestra atención es un campo de batalla de marcas y corporaciones que saben bien cómo mover los hilos para atraernos con interacciones ligeras y reforzantes, solo quienes aprendamos a cultivar nuestra concentración disfrutaremos de una mejor calidad de vida.